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jueves

LA ALIANZA DE LAS CIVILIZACIONES SE RIEGA CON ARMAS ESPAÑOLAS


Las revueltas del Magreb están dejando en evidencia la insatisfacción de los países por donde ha pasado el vendaval de las protestas. Atrás dejaron los cadáveres políticos de dictadores que cumplían los deseos de las potencias europeas y norteamericana: fuerte represión del pueblo, control de los islamistas radicales y el suministro de materias primas con la participación de empresas occidentales en los beneficios.
Pero hete que ahí surgen dictadores que se soliviantan ante la rebelión de sus ciudadanos y se lían a tiro limpio con el que protesta. Gadafi está dejando un reguero de muertos gracias a las armas que España le vende.
Desde que Libia regresó a la comunidad internacional se abrió la veda para la venta de armas para uso civil y militar.
España, garante de la Alianza de la Civilizaciones vendió armas al gobierno libio por valor de 3,83 millones de euros, datos de la Secretaría de Estado de Comercio Exterior.
Además esta partida está clasifica como material antidisturbios y de guerra: “bombas, torpedos, botes de humo, cohetes, minas, misiles o cartuchos y simuladores”. En 2010 la partida creció hasta los 7,9 millones  de euros, incluyendo material como: registradores y equipos de proceso de imagen, cámaras y aparatos de infrarrojos e imagen térmica o equipos sensores por radar más el material de doble uso. 
La doble vara de medir de nuestro gobierno nos recuerda mucho a las grandes superpotencias, véase Rusia o Estados Unidos; o sea, grandes palabras y negocios turbios. Si la Alianza de las Civilizaciones se basa en esta estrategia, será mejor que no saquemos la grandilocuencia a pasear y nos dediquemos a solucionar los problemas internos de nuestro país sin basar nuestra economía en el ladrillo o la venta de armas.
¿No sería mejor crear una industria que se dedicase a potabilizar el agua de pozos y ríos en continentes como el África, o tal vez la producción de alimentos esenciales a precios asequibles para la población?


lunes

¿”INDIGNADOS” A LA ESPAÑOLA?



Que fácil es alabar las revueltas populares que se están desarrollando en Egipto, Túnez, Jordania, Argelia o Yemen, mientras aquí la situación tiene ciertas similitudes; salvando las distancias.
Entre los datos que la prensa ofrece para justificar las manifestaciones se encuentran los altos niveles de paro juvenil, que en ninguno de los países citados se acerca al 40% que sufrimos en España.
Miro a mi alrededor y veo una juventud española que no reacciona, de hecho solo se sienten maltratados como colectivo cuando la policía o las autoridades ponen en peligro las algaradas populares en que se ponen ciegos de alcohol en los populares botellones.
¿Cómo quieren que nos divertamos, si las copas en los bares son muy caras y además de no te dejan fuman?
¿De verdad nuestros jóvenes están narcotizados?
Sin embargo en Francia un joven de 93 años, Stéphane Hessel, está levantando las conciencias con un panfleto titulado ¡Indignaos! Ya lleva más de un millón de ejemplares vendidos.
¿Qué les pide Hessel a los jóvenes?
Simplemente una reacción.



¿Debo hacer algo? Me pregunta un amigo de veinte años. He oído hablar mucho de las revueltas del 68 en París, Ciudad de México o Praga. ¿De veras ellos cambiaron algo?
Yo le digo que muchos de los “progres” que se han forrado de pasta con nuestra democracia perjuran que estuvieron allí lanzando adoquines a la policía, incluso alguno tiene uno de pisapapeles en su despacho.
Entre los estudiantes de hoy en día, la mayoría de los profesores, escasos sindicalistas y cada día más intelectuales, destacan el “anti-autoritarismo” surgido del 68 que liquidó la autoridad de maestros y profesores, aceleró la crisis de la universidad y devaluó la calidad y la excelencia. Contra  la escuela y la universidad tradicionales era contra lo que se luchaba…
Y ahora en España, convertido en un yermo campo de moral y ética, tampoco aparece ese futuro brillante que pronosticaban nuestros políticos de derechas o izquierdas. Debajo de los “adoquines educacionales” que han inoculado a nuestras generaciones de niños y jóvenes tampoco encontrarán la playa de la Alianza de las Civilizaciones y el pleno empleo.
¿Debemos hacer algo? Si nuestra “partitocracia” no funciona, ¿tendremos que buscar otras formas de democracia?
De momento, por qué no empezamos con el cambio de la ley electoral, la desaparición de las subvenciones a partidos, sindicatos, asociaciones de empresarios y fundaciones diversas.
Por supuesto, indignémonos y después organicemos las protestas necesarias para hacer despertar a aquellos que se sienten concernidos… después, después Dios dirá.